miércoles, 14 de mayo de 2014

Un punto en el que no estoy de acuerdo con Joseph Pérez: La España de Felipe II no puede compararse con el imperialismo de Obama. (Parte 1)

Un punto en el que no estoy de acuerdo con Joseph Pérez: La España de Felipe II no puede compararse con el imperialismo de Obama


Habrán notado ustedes que nuestro estimado hispanista francés, recientemente galardonado por su contribución al estudio de la Civilización Española y de la figura de Felipe II, cree que ''actualmente EEUU se considera un ejemplo de lo que fue entonces España'', ''la situación es hasta cierto punto casi idéntica'', ''en ambos casos nos encontramos con una potencia que ejerce una pretensión a la hegemonía, el caso de la Casa de Austria en el siglo XVI, el caso de EEUU actualmente''. Escúchese si no, la entrevista:





Con todo respeto por nuestro hispanista francés, me permito discrepar, y digo que no le tengo miedo a la polémica. Mi punto de vista es que la España del siglo XVI fue lo opuesto de EEUU en la actualidad, y de cualquier otra potencia europea en cualquier momento histórico.

¿Por qué? Porque en el proyecto español del siglo XVI, e incluso, de los siglos siguientes, había un ideal de justicia, de origen medieval, que no se puede comparar con una simple pretensión de hegemonía basada en la fuerza, la habilidad y la astucia, como es el caso de EEUU o de otras potencias europeas modernas. Hay allí una línea divisoria entre lo que es un proyecto ecuménico de raíz cristiana medieval y un proyecto imperialista de corte moderno-contemporáneo. Esta línea divisoria está dada por: 1. la Reforma protestante, y 2. la ética política de Maquiavelo.

Sobre el punto 1, creo que se debería reflexionar sobre el cambio de mentalidad que representa pasar del dogma católico de la transustanciación al dogma luterano de la consustanciación. Hay un pasaje bíblico, que es Mateo 26:26-28, que se corresponde con el tema de La Última Cena, donde Cristo parte el pan, reparte el vino, y dice: ''Este es mi cuerpo y esta es mi sangre, comed de mi cuerpo y bebed de mi sangre''. ¿Y esto qué significa?

En la misa católica se interpreta que, más allá de que la apariencia de la hostia sigue siendo la de un pan, -la hostia es un pan sin levadura que en la antigua Roma se ofrecía a los dioses y en el antiguo Israel se consumía durante la Pascua o Pésaj- y más allá de que la apariencia del vino sigue siendo la del vino durante la eucaristía -el cáliz es un vaso que contiene vino consagrado-, los poderes del sacerdote son tales que hacen que el pan se convierta en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre. Para la fe católica, el pan es la carne, el vino es la sangre. Se trata de un misterio, un dogma y un milagro. A lo largo de su historia, la Iglesia católica ha sostenido la verdad de esta idea: lo hizo durante la Edad Media; en el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI; y también en el Concilio Vaticano II, en el siglo XX. 

Pero cuando se produce el cisma protestante, una de las primeras cosas que atacan los reformadores es este dogma de la transustanciación. Dicen que no se desprende de la lectura bíblica literal. Así tenemos que Lutero propone una interpretación alternativa, la consustanciación. Cuando el hierro entra en contacto con el fuego, toma algunas de sus características, como el calor y el color, pero sigue siendo hierro. No se convierte en fuego. Entonces, lo que la Biblia propone es una comparación. El pan es como la carne; el vino es como la sangre. Quiere decir que tienen algunas de sus características.

Podría parecer una discusión teológica sin ninguna consecuencia. Pero llevada al campo de la política, -y la Reforma religiosa se hizo para ser llevada al campo de la política, y de toda la cultura en general- es la enorme diferencia entre decir que una cosa es, y decir que una cosa representa, o tiene algunas características de otra cosa que no llega a ser nunca en puridad. 

Y en consecuencia, es la enorme diferencia entre el pensamiento mítico o pensamiento ingenuo, y el pensamiento moderno o pragmático. Entre creer de buena fe, y saber que se está ante una justificación o ideología. Lo cual nos lleva a Maquiavelo, que si bien no fue el personaje maquiavélico que se dice, sí creía que el fin justifica los medios, y la moral de los ingenuos no es para los políticos astutos, que saben separar la moral de la política, considerando a la moral más bien como una ideología engañabobos, y a la política un arte, ciencia o técnica donde todo está fríamente calculado.

Y no, esta forma ''maquiavélica'' de pensar no existía en el Egipto faraónico, salvo en individuos aislados. No existía en las antiguas civilizaciones indígenas, pero tampoco existía -en un grado superior- en la España del siglo XVI. La idea de que la carne y la sangre del sacrificado era la carne y la sangre de un dios -que en consecuencia se asociaba con la vegetación- era un dogma para las culturas prehispánicas, pero también lo fue luego para las culturas hispánicas. 

Como otra evidencia de que esto era así, se podría mencionar que hasta el siglo XIX, los creyentes católicos ''materialistas'' siguieron pensando que era posible aliviar el sufrimiento de sus seres queridos en el purgatorio, sufragando por el alma de los difuntos, es decir, pagando un determinado dinero a los clérigos de una determinada parroquia; a esta acepción de la palabra sufragio todavía se la puede encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española. Forma parte de un enfoque ''materialista'' de la religión que llega hasta nuestros días. Lo importante es que el creyente católico ''materialista'' promedio y el cura católico ''materialista'' promedio se lo creen, o se lo creían hasta hace poco. Así como hace miles de años lo creían también los babilonios.

Tenía que ser Lutero, en 1517, quien expusiera en sus 95 tesis las falencias que, desde el punto de vista racional, y desde el punto de vista de las Escrituras tenía una tradición, -la de las indulgencias- que en el fondo había permitido financiar las catedrales góticas, pero también, los placeres materiales y el tren de vida de algunos religiosos corruptos. En realidad, un concepto secundario para la teología católica, pero con repercusiones inmediatas desde el punto de vista material. Que Lutero se diera cuenta, y el común de los católicos no se diera cuenta, está muy relacionado con la capacidad de Lutero para diferenciar la consustanciación de la transustanciación, la apariencia de la esencia, la comparación de la metáfora, la representación de las cosas, del ser mismo de las cosas; la ideología o justificación de las cosas, de la realidad, naturaleza, o verdad de las cosas.

Lo cual nos lleva a Cervantes, a Sancho Panza, y al Quijote. Cervantes es un hidalgo golpeado por la vida, que ha roto sus ideas ingenuas una por una. Pero en lugar de quebrarse, es capaz de analizar culta y racionalmente su propia realidad. Lo hace a través de su otro yo, el Quijote. El ingenioso hidalgo de la Mancha es alguien, por así decirlo, ''enceguecido'' por la lectura de novelas de caballería. Hasta que se golpea con la realidad, y sobre todo, con los comentarios de un ''realista'' como Sancho Panza. Entonces, al final, pero muy al final de su vida, se dará cuenta de que una cosa son los gigantes que están en las novelas de caballerías, y otra los molinos de viento, las máquinas, que son los gigantes de la Época Moderna. Las ilusiones del hidalgo son tan ingenuas como la mística de la transustanciación, de los sufragios para las almas del purgatorio, y de las indulgencias que purificaban las almas en la misma medida que elevaban las catedrales.

En Cervantes hay, seguramente, una crítica a una literatura que no se consideraba moralmente edificante, pero Cervantes no llega a las mismas conclusiones que Lutero. El Quijote y Sancho Panza son dos extremos de una pareja dialéctica, que si se complementa, no tiene por qué derivar en extremos opuestos irreconciliables. La contradicción es la esencia misma de la vida, pero contradicción armoniosa que permite iluminar cuál es el justo medio. Lutero, en cambio, hace una cuestión de principios de la consustanciación en sustitución de la transustanciación, es decir, de la eliminación del pensamiento ingenuo. Y con él, el Norte de Europa.

En 1517 se origina un proceso que separa para siempre el Sur de Europa y el Norte de Europa. Esta es una de las razones de peso que ahora dejo esbozada acerca de por qué pienso que la España del siglo XVI no solamente no fue ''casi idéntica'' al imperialismo estadounidense de los siglos XIX, XX, y XXI, sino, en todo caso, ''casi opuesta''. Hay una enorme diferencia entre creer de buena fe que la sangre y el vino, o la carne y el pan, son capaces de transustanciación, -cosa solo posible en el plano místico- y establecer, como principio de realidad, desde un comienzo, que esto es imposible. Es la diferencia entre lo poético y lo pragmático.

Continuará


martes, 13 de mayo de 2014

Hispano-América: 522 años después, Colón sigue dando qué hablar: Arqueólogos estadounidenses creen haber hallado los restos de la Santa María en Haití. Indígenas presentarán en la ONU cuestionamiento de cierta ''Doctrina del Descubrimiento'' esgrimida en pleitos por tierras desde 1823 en EEUU. Fuentes: El País (España)/ULAN

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/13/actualidad/1399976101_013664.html

http://agenciasulan.org/2014/05/pueblos-originarios-debaten-en-onu-impacto-de-doctrina-del-descubrimiento/

Hispano-América repasa la trayectoria de su héroe: el médico que creó la vacuna contra la lepra, Jacinto Convit, nacido en Venezuela, era hijo de españoles. Fuente: Comunicado de la familia Convit

Caracas, mayo 12 - A través de un comunicado, Ana Federica Convit, nieta del ilustre médico, informó a los medios de comunicación sobre el fallecimiento de su abuelo, exaltando la trayectoria profesional de quien deja un importante legado a los venezolanos.

''El Dr. Jacinto Convit falleció el 12 de Mayo de 2014, pocos meses antes de cumplir 101 años, en su casa en Caracas. El Dr. Convit, a quien la Organización Panamericana de la Salud con sede en Washington DC designó "Héroe de la Salud Pública" en 2002, fue un especialista de renombre mundial en la lepra (enfermedad de Hansen) y enfermedades tropicales.

''Su trabajo en el Instituto de Biomedicina (modificado recientemente a la denominación Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit), que fundó en 1972, dio como resultado el desarrollo de un modelo experimental para la lepra. El trabajo en el desarrollo de una vacuna para la prevención y cura de la lepra, sirvió de base para la inmunoterapia de la leishmaniasis. Estas investigaciones llevaron a que en 1988, el Gobierno de Venezuela hiciera las gestiones para llevar su nominación al Premio Nobel de Medicina.

''El Dr. Convit fue Director del Centro de Colaboración de Referencia e Investigación de Detección Histológica y Clasificación de la Lepra de la Organización Mundial de la Salud. En 1987, España lo distinguió con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por su dedicación e investigación sobre la prevención y tratamiento de la lepra, leishmaniasis, oncocercosis, micosis y otras enfermedades que afectan a América Latina. Entre los muchos honores y premios que le fueron conferidos por numerosos países, destaca la Orden de la Legión de Honor Nacional de Francia en el 2011.

''La trayectoria del Dr. Convit transcurrió activamente por más de setenta y cinco años. En sus inicios, se sintió atraído por la investigación que lo llevó a estudiar las condiciones médicas de los pacientes en regiones remotas de Venezuela, accesibles únicamente a caballo y mula a través de los senderos de Los Andes, y posteriormente entre los pueblos indígenas de la selva amazónica y el Delta del Orinoco. Se esforzó para que los frutos de sus investigaciones aliviaran las vidas difíciles de las poblaciones afectadas por las enfermedades que entonces tenían poco o ningún tratamiento.

''Reconoció la necesidad de establecer un centro de investigación en Venezuela dedicado a la investigación de patógenos tropicales y al desarrollo de tratamientos y prevención. A tal fin, buscó contactos internacionales y desarrolló su propio conocimiento científico a través de diversas asociaciones y obras. En 1962, ocupó la cátedra de Enfermedades Tropicales en la Universidad de Stanford (Palo Alto, California) como Profesor Invitado. Luego, ocupó un puesto similar durante un año en el Hospital Jackson Memorial de la Universidad de Miami (Florida).

''De regreso a Caracas, fundó el Instituto de Biomedicina que atrajo a investigadores clínicos internacionales, médicos y científicos venezolanos. A lo largo de su vida profesional publicó más de 345 trabajos científicos, entre otros artículos, de los cuales su más reciente fue publicado en el 2013 a la edad de 100 años. En los últimos años de su carrera, el Dr. Convit se centró en emplear los mismos métodos sencillos que había utilizado en la inmunoterapia de la enfermedad de Hansen, para desarrollar una auto-vacuna para el tratamiento de algunos tipos de cáncer. Su obra perdura en parte gracias a los esfuerzos de la Fundación Jacinto Convit creada hace pocos años.

''Durante varias décadas, el Dr. Convit fue galardonado decenas de veces. Aunque recibió muchos honores, era conocido por su modestia y su humildad en reconocer el trabajo realizado por otros en laboratorios alrededor del mundo. Colaboró con los investigadores del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en Washington, D.C. como también en universidades en los Estados Unidos, Europa y América Latina.

''El Dr. Convit nació en La Pastora, Caracas, en 1913. Era hijo de españoles, su padre de Barcelona y su madre de las Islas Canarias. Obtuvo su título de Doctor en Ciencias Médicas de la Universidad Central de Venezuela en 1938 y fue Investigador Asociado de la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1944-45 y la Case Western Reserve, Ohio, en 1945.

''En 1946 se casó con Rafaela Marotta, de Caracas e italiana de origen, con quien tuvo cuatro hijos de los cuales viven Francisco Convit, empresario radicado en Caracas, el Dr. Rafael J. Convit, cirujano plástico en Washington D.C. y el Dr. Antonio Convit, profesor e investigador de la Universidad de Nueva York en la ciudad de Nueva York. Su hijo Oscar falleció en 1978 y su esposa en el año 2011. También viven su hermano René en Venezuela además de muchos nietos, bisnietos, sobrinos y sobrinas. Aún con más de 80 años, su esposa lo acompañaba y asistía en sus viajes de investigación para atender a los pacientes en zonas remotas.

''Por décadas, participó regularmente en simposios internacionales alrededor del mundo, y fue especialmente activo en la Organización Panamericana de la Salud, afiliada a la Organización Mundial de la Salud, que lo nombró Héroe de la Salud Pública por su proyecto de vida durante la celebración del centenario de esa organización en el 2002.

''El Dr. Convit se convirtió en un héroe popular en Venezuela por su dedicación a los pobres desatendidos y pacientes con condiciones médicas desafiantes o temidas. Durante toda su carrera como médico, el Dr. Convit nunca cobró a sus pacientes. Fue invitado frecuentemente a ser el padrino de promoción de los graduandos en medicina en toda Venezuela.

''En estas ocasiones ofrecía un discurso a los médicos recién graduados, en el que siempre alentaba la investigación, el acceso universal a la atención médica, y la importancia de la buena alimentación y el ejercicio para la prevención de enfermedades.

"Los sentimientos de amor hacia el ser humano estimulan la vocación de servicio, que no es otra cosa que un profundo amor a la vida. La profesión médica no es una profesión para dedicarse a producir dinero. El que abraza esta profesión, tiene que tener un convencimiento profundo de que es un servidor público, en todo sentido" Jacinto Convit.

lunes, 5 de mayo de 2014

''Seis meses después de Haiyan numerosos filipinos necesitan ayuda urgente''. Nota informativa del Centro de Noticias de la ONU

Afectados por el tifón Haiyan en Filipinas Foto.OCHA/Jennifer Bose

''05 de mayo, 2014 — Cuando han pasado ya seis meses de que el tifón Haiyan causara graves daños en la región de Visayas, en Filipinas, numerosas personas continúan viviendo en una situación precaria, según informó la Cruz Roja Internacional al anunciar este lunes un plan para apoyar la recuperación a largo plazo.

''Ese ciclón, también conocido como Yolanda, afectó a 16 millones de personas y miles de familias perdieron algún ser querido, además de sus viviendas y medios de vida.

''Richard Gordon, presidente de la Cruz Roja en Filipinas, señaló durante una conferencia de prensa en Ginebra que quedan 1,6 millones de familias necesitadas de ayuda.

“El objetivo de este plan es tratar de levantar 150.000 unidades de refugio, 100.000 de ellas para funcionar como albergues temporales y 50.000 más como albergues centrales, pero estamos cortos de recursos”, apuntó.

''En este sentido la Cruz Roja, que es uno de los pocos organismos con operaciones humanitarias en todas las islas afectadas, apeló a los donantes internacionales a seguir apoyando los esfuerzos de reconstrucción en el país.


sábado, 3 de mayo de 2014

La participación de oficiales hispanoamericanos en la batalla de Bailén, España (como San Martín) y la formación espontánea de juntas en España y América en 1808, demuestran que, hace 206 años existía una sola nación en ambos hemisferios, como luego diría la Constitución de 1812




El 18 de octubre de 1807, las tropas de Napoleón Bonaparte ocuparon España. El 17 de marzo de 1808, se produjo el Motín de Aranjuez. El 2 de mayo, tuvo lugar el levantamiento del pueblo español contra las tropas de ocupación. 

España, América, y Filipinas, eran entonces una comunidad dinástica: el Reino de España e Indias (Filipinas, con sus dependencias, formaba parte del Virreinato de Nueva España o México), donde el Reino de Indias tenía el mismo estatus jurídico que Castilla y León, o Aragón. Como decía el economista Bernardo Ward (1779), ''el monarca español no gobierna en América islas ni colonias, sino Reinos e Imperios''. 

La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) tuvo como escenario cuatro continentes, por no decir cinco: algunas dependencias de Nueva España y de Perú corresponderían a Oceanía. 

Las Juntas de España 

El 2 de mayo de 1808, un Bando del Alcalde de Móstoles fue pregonado en este pueblo situado muy cerca de Madrid: ''La Patria está en peligro [...] Españoles: acudid a salvarla'', fórmula utilizada luego en América. Extremadura fue la primera región en responder al llamado. 

En los siguientes días de mayo se formó Junta en Oviedo, Asturias, donde la Resistencia se había reiniciado el 9 de mayo con una algarabía popular y la toma del edificio de la Real Audiencia, sustituida ese mismo día por una Junta, que no era otra cosa que la institución más tradicional de Asturias, la Junta General del Principado. 

Esta se dio un ''Plan Orgánico'' y procedió a formar su propio ejército, por lo cual, asumió características revolucionarias. La Arenga patriótica del Marqués de Santa Cruz encendió la chispa :


No era un movimiento revolucionario de corte inglés o francés, pero en cambio pertenecía al contexto de los levantamientos patrióticos que la expansión napoleónica provocaría más tarde en diversos países europeos. Pero tampoco puede reducirse a un estallido nacionalista, porque reemplazó un orden formado por instituciones más bien elitistas (que consideraba adictas al invasor), por otras, más democráticas. 




Esto se hizo evidente el día 25, cuando, a título expreso, la Junta Suprema de Oviedo se consideró depositaria de la soberanía de la Nación (ante la ausencia de un Rey legítimo) y en consecuencia se constituyó como organismo de autogobierno, reasumiendo la soberanía popular originaria; entendiendo a la monarquía como institución usufructuaria. Se trataba del concepto español de soberanía, por más que en la época hubiera influencias ideológicas de otros países de Europa. 

Luego, la Junta de Galicia publicó que había ''reasumido en sí la soberanía [...] habiéndose declarado independiente [...] del gobierno de Madrid''. La de Murcia, que ''el pueblo reasume la soberanía''. Fórmula que fue tomada por los revolucionarios americanos. La Junta de Oviedo se constituyó en modelo para todas las demás Juntas, algunas consideradas Locales y otras Supremas, según su alcance, incluyendo la de Sevilla (27 de mayo de 1808), donde el 25 de septiembre se constituyó una Junta Suprema Central Gubernativa de España e Indias, con diversas secciones de gobierno, y donde estuvieron representadas todas las provincias. 

La Junta Suprema fue la que confirmó que ''las Indias no son colonias de España''. En la práctica, estas Juntas sustituyeron a la antigua administración: esto convirtió claramente al movimiento patriótico en Revolución Hispánica, como la llamó, en 1933, el historiador uruguayo Felipe Ferreiro. Además, la Guerra de Independencia se hizo popular y apareció un fenómeno propio de las revoluciones modernas; los guerrilleros de la Independencia, de donde surgieron figuras como Espoz y Mina o Juan Martín el Empecinado. 

La Guerra favoreció también, la participación de militares profesionales hispanoamericanos. El 19 de julio de 1808, en Bailén, cerca de Jaén, un joven Capitán rioplatense, José de San Martín, derrotó al ejército francés, movilizado con el objetivo de ocupar Andalucía. Fue la primera derrota francesa. 


Monumento a San Martín en Madrid. Créditos: Carlos Delgado

En noviembre de 1808, la Junta Central dictó un ''Reglamento de Partidas y Cuadrillas'' para organizar la lucha armada. 

Las Juntas americanas 


El movimiento se extendió espontáneamente por América, alcanzando Ciudad de México (agosto-septiembre de 1808); Montevideo (21 de septiembre); Chuquisaca o Sucre, actual Bolivia (25 de mayo de 1809); La Paz (16 de julio); Quito (10 de agosto); Caracas (19 de abril de 1810); Cartagena (22 de mayo); Buenos Aires (25 de mayo); Santiago de Cali, actual Colombia (3 de julio); Santa Fe de Bogotá (20 de julio); Dolores, México, (16 de septiembre); Santiago de Chile (18 de septiembre); arroyo Asencio, Uruguay (27 de febrero de 1811); Asunción (15 de mayo); San Salvador, Guatemala (5 de noviembre), y así sucesivamente, siendo una de las últimas, la de Cusco, (3 de agosto de 1814), ya al final del periodo. 

Los fundamentos en los que se basaban eran los mismos que en España. El 3 de agosto de 1808, la Junta de Sevilla había lanzado un Manifiesto donde se explicaba: 

''El Reino se halló repentinamente sin Rey y sin gobierno [legítimo] [...] el pueblo reasumió legalmente el Poder de crear un gobierno [...] el Poder Legislativo, pues, ha quedado en las Juntas Supremas y por este Poder han gobernado y gobiernan con verdadera autoridad''. 

Además, el 22 de enero de 1809, la Junta Central dio a conocer un decreto donde se hacía este razonamiento: 

''Que los vastos y preciosos dominios que España posee en las Indias, no son propiamente colonias o factorías, como las de otras naciones, sino una parte esencial o integrante de la Monarquía Española; y deseando estrechar de un modo indisoluble los sagrados vínculos que unen a unos y otros dominios, como asimismo corresponder a la heroica lealtad de que acaban de dar decidida prueba a España [...] se ha servido S.M. declarar, que los Reinos, Provincias e Islas que forman los referidos dominios, deben tener representación nacional e inmediata a su Real Persona, y constituir parte de la Junta Central Gubernativa del Reino, por medio de sus correspondientes diputados''


Estado, nación, e identidad en América, por Olmedo Beluche. Tomado de ''Hispanoamérica Unida''

Estado, nación, e identidad en América, por Olmedo Beluche. Tomado de ''Hispanoamérica Unida''

Comentario: Este artículo contiene, claramente diferenciados, una serie de conceptos que a veces se confunden en el debate: Estado nacional común (el ejemplo sería el antiguo Reino de España e Indias); Estados nacionales (los que luego surgen de la fragmentación y reconstitución del Reino de España e Indias); Nación-cultura (hispana, dule, ngabe, buglé, emberá). En el caso de los Estados nacionales derivados de un Estado nacional común tenemos una Nación-cultura común, la hispana, que en consecuencia está muy extendida. No ocurre lo mismo en el caso de los dules, ngabes, buglés, emberás, pero no todos los pueblos tienen por qué regirse por las mismas lógicas políticas y culturales. En consecuencia hay solo una cultura común desde México hasta la Argentina y un solo tipo de Estados al Sur de los EEUU, aunque recientemente, con la emancipación de una serie de países de pequeña extensión territorial, en muchos casos islas, pero que hablan francés, inglés y holandés, hasta ayer colonias, o países muy pobres y tutelados por las grandes potencias, como Surinam o Haití (independiente desde principios del siglo XIX y luego recolonizado), el panorama se diversifica un poco.

“Los estados-nacionales de Hispanoamérica nacimos no sólo de un estado nacional común, el imperio español, sino de una nacionalidad o nación-cultura común, la hispana. De allí la utopía centenaria de la unidad hispanoamericana y la posibilidad de una confederación que nos una bajo un mismo estado-nación, como soñó Bolívar. Hispanoamérica es una nación fragmentada”

El siguiente texto es un fragmento del artículo originalmente titulado “Estado, Nación e identidad en América Latina”, del profesor, sociólogo y político panameño Olmedo Beluche (Seminario: Estado, nación e identidad. Del 24 al 28 de febrero de 2014. Departamento de Historia. Universidad de Panamá).


''Los Estados en que está dividida actualmente Hispanoamérica, la cual puede considerarse, por historia, idioma y cultura, una sola Nación.

Para comprender el esquivo concepto de “nación”, y su derivado “el estado nacional”, es bueno guiarse por el consejo de Leopoldo Mármora quien, citando a los clásicos alemanes Fichte y Humbolt, distingue entre “nación-estado” y “nación-cultura”[1]. Entendiendo por “nación-estado” la tradicional definición de: un territorio, con una población y un gobierno soberano; y por “nación-cultura”, una población que se autoidentifica por sus costumbres, tradiciones e historia, identidades que se expresan mediante una lengua propia, que puede o no tener gobierno propio, y puede o no tener un territorio propio.

La “nación-estado” representa la estructura social y económica edificada por la clase capitalista moderna cuyo andamiaje es un mercado interno, espacio para su acumulación de capital y explotación de la fuerza de trabajo. La “nación-cultura” constituye una superestructura ideológica, que a veces se corresponde con la estructura socio-económica descrita (nación-estado) pero muchas veces no se corresponde (por razones históricas) a la estructura de la que hace parte. La “nación-cultura” consiste en lo que cierta antropología llama “etnos” o “etnia”, y que la antropología postmoderna denomina “identidad nacional” en el sentido de “comunidad imaginada”[2].

Ejemplo del primer caso es cualquier país miembro de las Naciones Unidas en este momento, por ejemplo, Argentina. Ejemplo del segundo caso, las naciones originarias de América, en Panamá: dules, ngabes, buglés, emberás, etc. Otro ejemplo del segundo caso, el pueblo gitano.

Los estados-nacionales de Hispanoamérica nacimos no sólo de un estado nacional común, el imperio español, sino de una nacionalidad o nación-cultura común, la hispana. De allí la utopía centenaria de la unidad hispanoamericana y la posibilidad de una confederación que nos una bajo un mismo estado-nación, como soñó Bolívar. Hispanoamérica es una nación fragmentada[3]. Caso opuesto son nuestros pueblos originarios (o indígenas), los cuales siendo naciones diferentes (cada uno con su lengua, historia y tradición) han sido enlatados bajo un concepto despectivo común, nacido de la opresión, los prejuicios, la explotación económica y el racismo, el concepto de “indios”.

Podríamos decir que hoy los estados hispanoamericanos (por extensión latinoamericanos), en su mayoría (no todos), son “estados-nación”, cuya identidad central es hispana (la de la clase dominante y de la mayoría de  la población “mestiza”, genética y culturalmente) pero que contienen dentro de sí otras identidades nacionales o naciones (etnias, dirían los antropólogos).

Dicho lo anterior podemos establecer la tesis central de este ensayo: en Hispanoamérica, surgen primero (en la tercera década del siglo XIX) los estados nacionales producto de la crisis política y social del imperio español, pero las naciones-cultura (identidades) no aparecen sino posteriormente (hacia mediados del siglo XIX)[4]. Es decir, la independencia no se produjo por un proyecto preconcebido de construir un estado en torno a una identidad nacional (México o Venezuela, p.e.), sino para garantizar los intereses de una variedad de sectores o clases sociales (criollos, castas) frente a la voracidad y represión de un estado decadente (el español).

Con exclusión de las comunidades o naciones originarias, y tal vez de algunos segmentos de la población de origen africano que aún no estuvieran culturalmente asimilados, la mayoría de la población encabezada por la clase dominante (los criollos) de Hispanoamérica se autoidenficaba a sí misma como “españoles de América”, algunos hasta 1811, y otros aún lo hacían hasta 1821-1825. Consumada la independencia en ese último lustro, sobrevino un largo período de guerras civiles internas entre diversos sectores sociales y regionales cada uno con su proyecto de estructuración de “estado nacional”. Estas guerras entre federalistas y centralistas, o liberales y conservadores, van a durar aproximadamente hasta 1850 cuando, a partir de la relación con el mercado mundial, se va a dar forma definitiva a los estado-nacionales. Es entonces cuando empieza el proceso de elaboración cultural de la identidad nacional, una vez aclarada la estructura definitiva del estado.

Nuestras historias oficiales no distinguen esos dos momentos diferenciados. Y no lo hacen por error, sino como una manipulación ideológica de la historia (y de las identidades) por parte de las clases que dominan nuestros estados nacionales.


NOTAS

[1] Mármora, Leopoldo. El concepto socialista de nación. Cuadernos Pasado y Presente 96. Bogotá. Enero-marzo de 1977. Págs. 9-27.

[2] Porras, Ana Elena. Cultura de la interoceanidad:Narrativas de identidad nacional (1990-2002). 2da. Edición. Panamá: Instituto de Estudios Nacionales (Universidad de Panamá). Panamá, 2009. Pág. 25.

[3] Ramos, Jorge Abelardo. Historia de la nación latinoamericana. FICA. Cali, Colombia, 1986.

[4] Annino, Antonio y Guerra, Francois-Xavier (coordinadores). Inventando la nación. Iberoamérica. Siglo XIX. Fondo de Cultura Económica. México, 2003.